Inicio Relatos eroticos - Historias calientes XXX ✒️ Relatos eróticos: CHOCOLATE, PISTACHO Y MANGO (2ª PARTE)

✒️ Relatos eróticos: CHOCOLATE, PISTACHO Y MANGO (2ª PARTE)

por Angelica S Movim
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RELATO ERÓTICO: «CHOCOLATE, PISTACHO Y MANGO» 2ª Parte

 

Sacó las llaves del bolsillo trasero de su vaquero (momento en el que ella aprovechó para mirarle el culo discretamente) y abrió la puerta. Subieron a un cuarto piso. Pese a haber ascensor él se dirigió a la escalera y ella lo agradeció porque le daban pánico los ascensores. Filippo sacó de nuevo las llaves para entrar en casa. En esta ocasión ella se fijó en su llavero: un caballo apoyado únicamente en sus patas traseras. Le pareció, como poco curioso.

No se fijó demasiado en la casa, de primeras. En realidad no le dio tiempo. Filippo se acercó a ella y, sin dejar de mirarle a los ojos, le quitó el bolso del trabajo del hombro, lo colocó con cuidado en un perchero detrás de una puerta que había a la derecha (parecía el típico armario empotrado guarda todo), la tomó de las manos y, acercándola, sin dejar de mirarle a los ojos, puso los labios a los suyos y la besó. relato erotico besoNo pudo. No, no quiso separarle. Con sólo unos segundos rozando sus labios notó cómo su piel ardía, cómo su corazón se aceleraba, cómo no podía controlar sus instintos más primarios. Quería más. El beso duró segundos, tal vez minutos, horas. No era consciente del tiempo, del espacio. Necesitaba sentirlo más cerca, acariciar toda su piel, saborear cada centímetro de su heladero.

Sin dejar de besarse recorrieron un pasillo que se le hizo eterno y llegaron al dormitorio. Esta vez fue ella quien que se lanzó. Bajó las manos por el torso de Filippo hasta alcanzar el dobladillo de la impoluta camiseta blanca y tiró de ella hacia arriba, para despojarle de una prenda que, ahora mismo, molestaba. Su torso era perfecto, como esculpido por Miguel Ángel. Acarició cada músculo, sin dejar de besarle. Filippo desabrochó uno a uno los botones de la camisa roja que ella llevaba. Suave, lento, mientras clavaba sus bonitos ojos verdes en los de ella. El ambiente ardía, nada existía.

Ella estaba resplandeciente, segura de sí misma. Se apartó de su heladero, se quedó a medio metro de él, mirándole a los ojos y, seductora, se desabrochó la cremallera trasera de su falta de tubo, poco a poco. Suave, lento, concentrándose en parecer la mujer más sexy del mundo. Así se sentía en ese momento. Dejó caer la falta al suelo y salió de ella acercándose de nuevo a él. Ya todo estaba escrito. Filippo se desabrochó el cinturón de cuero y cada uno de los botones del vaquero mientras ella le miraba ardiente, con deseo. Se arrodilló frente a él y tiró de los pantalones hasta que llegaron a los tobillos.

En unos segundos los dos estaban desnudos, frente a frente, sin poder dejar de mirarse. Filippo la cogió suavemente de la cintura y la acercó a su cuerpo desnudo. Comenzó a besarle el cuello. Suave, lento, desde la clavícula a la oreja, haciendo un recorrido que casi quemaba, mordisco a mordisco, pasando suavemente su lengua por la piel mojada en saliva, haciendo que
un extraño escalofrío recorriese la columna vertebral de una mujer, ahora ya entregada a la lujuria con su heladero.

Filippo no dejaba de besarle, jugando con cada centímetro de su boca, acariciando su pelo,
trasladándole casi a otra dimensión.

En unos instantes ella se dio cuenta de que su sexo estaba empapado, preparado para recibir placer. Decidió tomar la iniciativa y, apartando su boca de la del “amigo de los caballos”, le dio un pequeño empujón que, al pillarle desprevenido, consiguió que el heladero cayese estratégicamente encima de la enorme cama que tenían detrás. Ella se sentía poderosa, sexy, guerrera y se sentó encima de él, con esa recién descubierta sensualidad que no reconocía en sí misma. Sin dejar de mirarle a los ojos, con cara de lujuria, se sentó encima de su enorme y ya preparado miembro y, poco a poco, sin dejar de mirar a los ojos de quien la estaba haciendo sentir como la reina del sexo, empezó a subir y bajar, sintiendo cómo su sexo añoraba, cada vez más, una nueva embestida.

Volvió a perder la noción del tiempo, el deseo hizo que olvidase todo, a todos, y se centrase únicamente en esa habitación, es sus sexos rozándose, en el placer.

Ella cabalgaba “al amigo de los caballos” (¿irónico, no?) con fuerza, con mirada de película porno. Él le sujetaba la cadera, animándole a empezar el “in crescendo”. Ante ese gesto de su heladero ella aumentó la intensidad, dentro fuera, dentro fuera. Ya no podía más. Un nuevo escalofrío recorrió su columna vertebral, quemaba. El corazón empezó a latir más y más rápido hasta que su sexo explotó. Una sensación de lujuria recorrió su cerebro, pero no le importó, no quería pensar en nada ni nadie. Lo necesitaba, lo añoraba, quería más.

Sin pensar, sin analizar la situación, prolongaron su encuentro durante horas, hasta que ella ya no podía más. Estaba claro que Filippo sabía cómo darle placer.

Eran las dos de la madrugada cuando ella volvió a la realidad. El día siguiente iba a ser duro, pero, como Filippo le había prometido horas antes: había conseguido olvidar todo aquello que le había arruinado el día.

¿Volverían a verse fuera de la heladería? ¿Volvería a por su helado de chocolate, pistacho y mango?


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6 Comentarios

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Cristina 10 febrero, 2020 - 9:28 pm

Me ha gustado mucho el relato Chocolate Pistacho y Mango. Estoy deseando saber como continua la historia.

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Angelica S. Movim
Angelica S. Movim 13 febrero, 2020 - 12:39 pm

Muchas gracias por tu comentario, Cristina. Me alegra que te guste mi trabajo.

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Lucia 11 febrero, 2020 - 10:43 am

Me encanta un montón este tipo de relatos eróticos ultimamente es lo unico que leo. Esta historia me recuerda mucho a uno que he leído recientemente, es esta: (*******no está permitido el spam*******) , con toda esa carga de deseo sexual.

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Angelica S. Movim
Angelica S. Movim 13 febrero, 2020 - 12:40 pm

Muchísimas gracias, Lucía. Espero seguir sorprendiéndote con cada relato.

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Marco Snronio 17 febrero, 2020 - 5:29 pm

Escrito tremendamente intrigante y excitante a la vez, tan buena combinación como la de mango y chocolate. Solo puedo decir que como a la protagonista me has hecho olvidar por unos minutitos la noción de tiempo y el espacio.

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sumisomadrid 19 febrero, 2020 - 12:59 pm

Estupendo relato me encanto

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