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RELATO ERÓTICO: Déjà Vu Deseo ardiente

por Saciasexblog
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RELATO ERÓTICO: «DÉJÀ VU DESEO ARDIENTE»

Recuerdo Falso

Era una stripper en un famoso club neoyorkino, Deja Vu se llamaba.

Era bastante prestigioso y poca gente podía acceder a él. O eras uno de esos ricachones que despilfarraban el dinero, o eras una chica demasiado guapa para dejarla en la sombra.

Tenía que ser una atracción para esa gente aburrida que buscaba nuevas experiencias.

Jimmy, el director del club, me encontró un día por la calle mientras pasaba por al lado de Tiffany ´s.

Me miró y dijo:

-Tú eres la chica que necesito.

Me sobresalté. Giré en busca de la voz y una figura un poco extravagante me miraba con unos ojos demasiado emocionados.

-¿Sabes bailar?-me preguntó en medio de aquella calle, como si fuésemos los únicos seres que había.

-¿Disculpe, nos conocemos?-le pregunté un poco asombrada.

-No, pero ya me lo agradecerás en un futuro.

Metió su brazo debajo del mío y tiro de mi hacía él.

-Tú serás mi estrella nena. ¿Cuál es tu nombre?

-Francesca.

-Mon Dieu. Eres exquisita.

Nos encaminamos calle abajo, él hablándome de mi nuevo puesto de trabajo mientras yo escuchaba sin saber que decir.

-¿Y bien, que te parece empezar esta noche?

-Em…, yo…

-Perfecto, a las nueve te quiero en el club Deja Vu.

No fui capaz de decirle nada, me dio un beso fugaz y salió disparado.

Me quedé pasmada, ¿quién era ese tío?

Mientras volvía a mi casa, investigué un poco acerca de ese club que me habló.

Deja Vu no era fácil de encontrar, era un club bastante escondido en unas de las calles más prestigiosas de New York. Me reí ante la locura que pasaba por mi mente.

¿Trabajar? ¿Ahí? Ese hombre estaba loco.

Estuve toda la tarde paseando nerviosa de arriba, abajo. Por un lado, estaba muy tentada de aceptar la oferta de Jimmy, así era como me había dicho que se llamaba, pero por otro lado, sentí que era la peor idea de mi vida.

Acabé en un taxi yendo hacia el dichoso club. Puede que fuera un error, pero no perdería nada por intentarlo.

Dos guardias trajeados con cara de pocos amigos me cerraron el paso.

-Buenas noches, disculpe vengo en nombre de Jimmy.

Los dos guardias se miraron con incredulidad. Ya sé que mis pintas no era las más apropiadas para ese lugar, pero un vestido negro ajustado era lo único que encontré en mi hippie armario.

Estaban indecisos en si dejarme pasar, y finalmente accedieron a regañadientes cuando una mujer salió detrás de ellos.

-Es la nueva bailarina chicos, sed amables.

Era muy guapa, llevaba un vestido rojo sangre corto realzando su ya bendecido cuerpo.

-Mi nombre es Alexia, bienvenida a Deja Vu.

-Gracias.

-Acompáñame.

Me llevó al interior, pero antes de llegar a la sala principal donde estaba el espectáculo, me llevó por un pasillo hacía un camerino.

-Jimmy está ocupado con unos clientes, cámbiate de ropa, ahí tienes tu traje de baile. Póntelo, pasaré a buscarte en unos minutos.

Dicho esto, salió por la puerta, mientras se contoneaba sensualmente.

Miré hacia el traje que estaba colgado de una percha plateada.

Pero, ¿qué estaba haciendo ahí?

Cogí el traje y me quedé boquiabierta. Eso no era un traje, era un montón de hilos que servía para tapar “algo”.

Pensé en salir de ahí echando leches, pero tocar el fino material me produjo cierto cosquilleo en el estómago.

Me quité mi ropa hasta quedar totalmente desnuda frente al espejo.

No sé si era el ambiente, o los nervios que estaba teniendo, pero me vi muy sexy, desnuda frente al espejo.

Miré el traje brillante y sonreí, iba a disfrutar de aquella oportunidad como fuera.

Deslicé los pies dentro de las bragas de encaje púrpura.

Enseguida una ola de deseo me sacudió, ese traje estaba hecho a posta para provocar placer.

Diminutas piedrecitas decoraban cada hilo, haciendo cosquillas con cada movimiento que daba.

Si tenía suerte, tal vez no tuviera un orgasmo en medio de mi actuación.

Me puse el sujetador, que, al igual que las bragas, estaba decorado con pequeñas piedrecitas, y algunas lentejuelas que caían hasta mi estómago.

Me sentí como esas mujeres que bailaban la danza del vientre, sexy, única.

-Vaya, bonito cuerpo.

Me giré sobresaltada.

-Vamos.

Sentí que el rubor me subía dejándome totalmente avergonzada por mis pensamientos.

Seguí a Alexia por el pasillo hasta una enorme sala.

Miles de luces que cambiaban constantemente de color iluminaban un gigantesco escenario.

-Vaya.

-Impresiona ¿verdad?

Asentí asombrada.

Era como si viese miles de piedras preciosas iluminadas todas a la vez, eso sin contar las mujeres que había en el escenario moviéndose.

Mis pocas clases de pole dance eran nada comparado con aquello.

-Adelante, el público no espera.

Empecé a sudar, pero qué estaba haciendo con mi vida.

Me llevó hasta las escaleras del escenario y me empujó.

-Venga.

Avanzaba lentamente y temblando, para mi sorpresa nadie me estaba mirando, todos estaban demasiado centrados en una mujer que parecía una serpiente, enroscada en la barra de plata mostrado todo su potencial.

Llegué a la barra y la agarré. Estaba muy fría y yo demasiado caliente por el nerviosismo y las malditas piedrecitas.

La música cambio y levanté la mirada hacia la multitud babeante, entonces sentí como la sangre me empezó a arder como lava.

Ella. Había entrado rodeada de un grupo de gente, pero ella destacaba por encima de todos.

Era alta, y llevaba el pelo recogido en un desaliñado moño.

Empecé a moverme.

Ella se fijo en mí mientras su acompañante le susurraba algo.

Enrosqué mi pierna en la barra y empecé a girar.

Sentí que todas las miradas estaban fijas en mí, y la suya me quemaba como fuego.

Llevaba un corto vestido plateado con una abertura en el muslo. Cada vez que se movía atinaba a ver que no llevaba nada debajo.

Suspiré, empecé a frotarme con la barra mientras mostraba mis pechos a los famélicos del público.

Pero ella veía más allá, veía como seguía unas pequeñas gotas de sudor que se deslizaba por mi garganta hasta bajar por mis pechos.

Sonrió.

Moví las caderas deslizando las manos por mi cuerpo al son de la música.

Ella seguía mis movimientos atentamente.

Yo me abrasaba, no era posible que alguien provocara semejante deseo sexual como esa mujer.

Me deslicé fuera del escenario hasta ella.

Todos me tocaban querían que les bailara para ellos, pero yo sólo podía verla a ella.

Vi como se mordía el labio, y yo sentí que mis piernas estaban más húmedas de lo que recordaba.

Ella bajo la vista hasta mis piernas y vio unas marcas brillantes.

Seguí bailando, moviéndome en un frenesí particular, demasiado sensual.

Llegué hasta ella y todo su aroma me envolvió.

Se acercó hasta quedar frente a mí.

Sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.

Deslizó sus dedos desde mi garganta bajando por el valle de mis pechos. Acercó su rostro a mí y susurro.

-Acompáñame.

Como en un trance, la seguí.

Estaba totalmente prendada de esa misteriosa mujer.

Una sala de enormes sofás de cuero, iluminada por una luz bajada de tono hizo que me estremeciera aún más.

-Siéntate.

Obedecí, ¿acaso podía hacer otra cosa?

El frío sofá me sacó poco a poco de mi aturdimiento.

Ella cerró las pesadas cortinas rojas y camino hasta mí.

No habló, simplemente se arrodilló delante mía.

-Bonito traje.

Yo la miraba hipnotizada.

Deslizó sus manos por mis muslos hasta llegar a las dichosas bragas.

Me instó a separar las piernas temblorosas.

Sentí su caliente aliento contra mi piel y una pequeña gota de mi fluido se escapó por una de las aperturas de las bragas.

Ella lo vio, y sin más preámbulos rompió las bragas.

Estas estallaron y los miles de piedrecitas caían ruidosamente en el suelo.

-Relájate.

Respiré ruidosamente mientras su boca se acercaba. Podía tener un orgasmo sólo sintiendo su respiración contra mi sensible piel.

Un lametazo, fue suficiente para que una oleada de líquido bajara y ella lo atrapara con su boca.

Eché la cabeza hacia atrás suspirando de agonía.

Clavó una de sus manos contra mi trasero, mientras la otra subía desesperada hacía mis pechos.

Entre las muchas piedrecitas y los diminutos hilos, mis pezones se estaban inflamando, pidiendo liberación.

Tiró del sujetador rompiéndolo al igual que las bragas dejándome totalmente expuesta.

Movía la lengua con experiencia, en círculos y con pequeños mordiscos, enviando millones de llamas a mi flameante clítoris.

Sentí como clavaba sus uñas en mi trasero mientras su lengua me penetraba.

Gemí, sentí el orgasmo muy próximo.

Tiraba del pezón dolorido por el deseo mientras con la lengua friccionaba el volcán.

Cerré los ojos, eso no podía pasarme a mí.

Aumentó su embestida, me estaba follando con la lengua y no podía parar el estallido del orgasmo que se avecinaba.

Masajeo mis pechos, sabiendo lo que venía, apretó mi trasero y dio un suave mordisco a mi punto femenino.

Grité, grité una y otra vez mientras me sacudía un orgasmo tras otro.

Sentí como me vaciaba en su boca y mis músculos se relajaron.

Decidí abrir los ojos y ante mi estaba el imponente edificio de Tiffany´s.

Delante de mí Jimmy hablaba con una chica, La chica. Ambos muy contentos por algo. Me acerqué a ellos sonriendo.

Los dos me miraban sin saber que decir. Finalmente habló ella.

– Disculpa, ¿nos conocemos?

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